Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión, los dos hermanos se agarraban fuertemente a sus mandos y esperaban superar su tercera vuelta al mundo sin repostar. Sus pensamientos se mezclaban como un cóctel explosivo en sus cabezas y mientras apuraban la cuarta vuelta al mundo, un sonido agudo y admonitorio trajo de súbito una pérdida de potencia. Cerraron los ojos. Andrés, el pequeño, bajó del avión. Pedro del coche de bomberos…la capa de nubes aún se formaba en la churrería contigua y su próxima hazaña ahora era doblegar al pulpo gigante.