Betún y Cafelito
Hola, mi nombre es Leopoldo Gwelene Morales, que en
idioma mandingo significa Leopoldo Acacia solitaria Morales. Vivo en Mesón de
Paredes aquí en mi queridísimo Madrid. Cumpliré
treinta y uno el día de todos los
Santos, por eso mi madre me puso Leopoldo. Dijo que cualquier nombre valía.
Estoy un poco triste. El verano acabó y creo que estoy en crisis poscanícula. Y
bueno, me apetece hablar. Mi madre es
Sonia Morales natural de Ciempozuelos y es monja desde los trece años.
Pertenece a una congregación misionera que opera por toda África y reparten
bocadillos y gaseosas por los poblados del Senegal. Mi padre es un poderoso
jefe Mandingo de un poblado cuyo nombre aún no lo sé pronunciar. Me ha
prometido que cuando venga por Navidad me va a enseñar a vocalizarlo. Le espero
ansioso. Se dedica a la industria de la caza. Es rico y guapo, al menos eso
dice mi madre. Los dos se conocieron en África, y el flechazo fue inmediato
cuando mi madre le tendió la mano con un sobre de Eno limón después de que mi padre se apretara una gacela al vapor de un tirón.
Mamá siempre ha sido una gran devota de la religión
aunque creo que desde que conoció a mi padre su fe se ha hecho un poco
evanescente. Sólo colgó los hábitos una vez,
con tan mala suerte que detrás del perchero apareció mi padre, el gran
Gwma Gwelene . Desde entonces revisa la
habitación antes de acostarse. Una vez , aquí en casa, antes de dormir, se
encontró a Ming Chí , el del todo a cien,
debajo de la cama. La cosa no cuajó, pero a mi madre le cae muy bien. No sé, me
parece que están liados.
Creo que me estoy desviando de lo verdaderamente
importante : yo. En el barrio me llaman cafelito, porque soy mulato. Cuando las cojo muy gordas con mi
vecino Nahim y con Harold, me cambian el nombre y me dicen carajillo. A mí no me importa porque me lo dicen con cariño. Bueno,
todos menos Gutiérrez, el del Día, que
se descojona de mi. Lo que pasa es que soy algo raro. La naturaleza quiso
experimentar conmigo y el resultado fue algo más que curioso. Soy mulato pero
sin mezclar, es decir parezco una vaca suiza. Dos colores. Y eso no me importa
porque disfruto con ello y además todos en el barrio desde Tirso de Molina
hasta la ronda de Valencia quieren ser mis amigos. La razón es sencilla. Las
manchas de mi piel hacen multitud de dibujos y todos quieren descubrir su
figura particular. En la espalda tengo una mancha tan rara que Harold dice que
parece Yul Brynner en El rey y yo
aunque Nahim dice que parece un glande. No sé, yo no me la veo. Pero lo que más
le gusta a la gente es lo de mi cara. Una gran mancha me cubre todo un ojo
parte de la frente y se pierde por una oreja. Gutiérrez dice que parezco la
princesa de Éboli y mi vecino Seichenko dice que
parezco un bullterrier. Pero lo que más le gusta a la hija de Mohamé, mi vecino
de arriba, son mis pies, cada dedo lo tengo de un color y juntos parecen una
octava y media de un piano. Es una preciosidad de niña. Está estudiando música.
Hace apenas unos días todo el mundo
me buscaba, pero ahora como se ha acabado la temporada y han cerrado la piscina
ya no me viene nadie a ver. Estoy deseando que llegue el próximo verano.
Mi padre me llama todos los jueves, parece muy contento
por las cosas que me dice. Lástima que no le entienda nada. Mi madre cuando
está en casa me las traduce, aunque creo que se las inventa, porque dice unas
cosas muy raras. Me habla del peligro de la selva, la fauna, la variedad de
colores, la preciosidad de la noche y creo que mi madre lo que hace es contarme
la majestuosidad del barrio. Se cree que no me doy cuenta, pero sé que tampoco
entiende el mandingo e improvisa. A mí no me la pega. Estoy aguantando en manga
corta aunque estamos casi en Noviembre, ¡ me encanta tanto que la gente del
barrio busque en mis manchas dibujos e
imágenes ! Eso sí, sólo en los brazos, porque paso de ir en pantalones
cortos. Esta noche he quedado con los
del bloque de enfrente, hay una fiesta. Va a ir Maila una guineana que quita el
sueño. Me gustaría enseñarla el Yul Brynner a ver que opinaba. Creo que me
gusta. Aunque Erika la noruega está para mojar pan. A esa sí que no la entiendo
ni papa. Y va para dos semanas que lleva aquí en el barrio y aún no sabe
nuestro idioma, debe ser que no se aplica lo suficiente.
Una cosa que no entiendo es por qué mi madre sigue
vistiendo los hábitos. Ella intenta convencerme de que es un atuendo muy
práctico pero va dando un cante que me hace pasar vergüenza. Sobre todo cuando
morrea con Ming Chí en las escaleras del metro ahí en toda la plaza. Dice que
ella morirá monja aunque se líe con medio Lavapiés y que lo que le diga el Papa se lo pasa por
la entrepierna. Hay que respetarla. La quiero tanto. Siempre está pendiente de
mí y me ayuda a darme el Kanfort
marrón por mis manchas. Porque no les he explicado bien, la naturaleza se
encaprichó conmigo, me hizo de dos colores y parezco una vaca suiza, pero lo
que no les he dicho es que parezco una vaca pero como la del anuncio de Milka. Sí, soy azul y blanco, pero eso
me hace ser más especial. Aunque el cabrito de Gutiérrez dice que soy medio
pitufo. Es un capullo, siempre hay alguien que no respeta. Les voy a tener que
dejar, mi madre está a punto de llegar y me tiene que dar el betún, hay fiesta
y Maila me espera...y Erika. Creo que ya no estoy triste. Les dejo que Nahim me
silba desde la calle. Voy a ver que quiere. Adiós.
precioso cuento para sonreir cuando acabe el verano...
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